Adoración III tiempo de Adviento

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO. TIEMPO DE ADVIENTO (III)

“¡Estén alegres; el Señor está cerca!” (Filip. 4,4-5)

 

“Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas.” (Is. 61, 10-11)

Las semanas anteriores la Palabra de Dios subrayó lo que significa tener una actitud de vigilancia y lo que implica concretamente preparar el camino del Señor. En esta semana de Adviento, el Señor nos invita a entender el espíritu con el que tiene lugar todo esto, es decir, la alegría.

“Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. No extingan la acción del Espíritu… Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará”. (cf. 1 Tesal. 5, 16-24)

 

San Pablo nos invita a preparar la venida del Señor asumiendo tres actitudes. Escuchad bien: tres actitudes:  la alegría constante, la oración perseverante y un continuo agradecimiento.

 

  1. «Esten siempre alegres»

 

 

Es decir, permanecer siempre en la alegría, incluso cuando las cosas no van según nuestros deseos. Las angustias, las dificultades y los sufrimientos atraviesan la vida de cada uno.

 

 

“El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor” (Is. 61, 1-2)

 

 

Estas palabras, que Jesús hará suyas en el discurso de la sinagoga de Nazaret (cf Lucas 4, 16-19) aclaran que su misión en el mundo consiste en la liberación del pecado y de las esclavitudes personales y sociales que ello produce. Él vino a la tierra para devolver a los hombres la dignidad y la libertad de los hijos de Dios que solo Él puede comunicar y a dar, por eso, la auténtica alegría.

 

  1. «Oren constantemente»

 

Por medio de la oración podemos entrar en una relación estable con Dios, que es la fuente de la verdadera alegría. La alegría del cristiano no se compra; viene de la fe y del encuentro con Jesucristo, razón de nuestra felicidad. Y cuanto más enraizados estamos en Cristo, cuanto más cercanos estamos a Jesús, más encontramos la serenidad interior, incluso en medio de las contradicciones cotidianas. Por eso el cristiano, habiendo encontrado a Jesús, no puede ser un profeta de desventura, sino un testigo de alegría. Una alegría a compartir con los demás; una alegría contagiosa que hace menos fatigoso el camino de la vida.

 

  1. «Den gracias a Dios en toda ocasión»

 

 

 

La tercera actitud indicada por Pablo es el continuo agradecimiento, es decir, un amor agradecido con Dios. Él, de hecho, es muy generoso con nosotros y nosotros estamos invitados a reconocer siempre sus beneficios, su amor misericordioso, su paciencia y bondad, viviendo así en un incesante agradecimiento.

 

Dios, Padre nuestro,
tú has amado tanto a los hombres
que nos has mandado a tu Hijo único Jesús,
nacido de la Virgen María,
para salvarnos y guiarnos de nuevo a ti.

Padre bueno,
bendícenos también a nosotros,
a nuestros padres,
a nuestras familias y a nuestros amigos.

Abre nuestro corazón,
para que recibamos a Jesús con alegría,
para que hagamos siempre lo que él nos pide
y lo veamos en todos
los que necesitan nuestro amor.

Te lo pedimos en nombre de Jesús,
tu Hijo amado,
que viene para dar al mundo la paz. Amén.