Charla 12 – El discipulo amado

12°CHARLA. EL DISCÍPULO AMADO

“Con el discípulo amado al encuentro del Señor”

 

  • INTRODUCCIÓN. El discípulo amado en el evangelio de San Juan

 

Aparece bajo un doble nombre: “el otro discípulo” y “el discípulo a quien Jesús amaba”. Repasemos las distintas intervenciones a lo largo del cuarto evangelio:

 

Como el “discípulo amado”:

 

  • 13, 23-26Uno de ellos –el discípulo al que Jesús amaba– estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere». Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?». Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato». Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote”

 

  • 19, 26-27Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

 

  • 20, 2- 3Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. ”

 

  • 21, 7 El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «¡Es el Señor!».

 

  • 21, 20-25. “Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar? Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: «Señor, ¿y qué será de este?». Jesús le respondió: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué importa? Tú sígueme». Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: «El no morirá», sino: «Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?». Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.».

 

Como el “otro discípulo”:

 

 

 

  • 18, 15-16 Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.”

 

  • 20, 3-8 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.

 

Dice el Papa Benedicto XVI:

“Según la tradición, Juan es “el discípulo amado, predilecto”, que en el cuarto evangelio se recuesta sobre el pecho del Maestro durante la última Cena (cf. Jn 13, 25), se encuentra al pie de la cruz junto a la Madre de Jesús (cf. Jn 19, 25) y, por último, es testigo tanto de la tumba vacía como de la presencia del Resucitado (cf. Jn 20, 2; 21, 7). Sabemos que los expertos discuten hoy esta identificación, pues algunos de ellos sólo ven en él al prototipo del discípulo de Jesús. Dejando que los exegetas aclaren la cuestión, nosotros nos contentamos ahora con sacar una lección importante para nuestra vida: el Señor desea que cada uno de nosotros sea un discípulo que viva una amistad personal con él. Para realizar esto no basta seguirlo y escucharlo exteriormente; también hay que vivir con él y como él. Esto sólo es posible en el marco de una relación de gran familiaridad, impregnada del calor de una confianza total. Es lo que sucede entre amigos: por esto, Jesús dijo un día: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. (…) No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 13. 15). (5 de julio de 2006)

 

 

 

Recopilando estos textos podemos decir que el discípulo al que Jesús amaba es simultáneamente:

 

 

El modelo del creyente: aquel que está llamado por el amor de Jesús y responde a ese amor por la fe y desde el amor fiel. Es el discípulo modelo para la comunidad

 

El testigo principal: cuyo testimonio hace presente a Cristo de modo permanente en la comunidad, hasta que Él vuelva.

 

El privilegiado y predilecto de Jesús: por la estrecha intimidad que lo une al Señor. La imagen del discípulo recostado en el pecho de Jesús hace alusión al mismo Hijo de Dios recostado en el seno del Padre. Esta situación le da autoridad para revelarnos al Padre, hacérnoslo conocer y llevarnos a Él.

 

 

El autor del cuarto evangelio tiene una autoridad reconocida porque ha penetrado más que ninguno en los secretos más íntimos del Verbo encarnado y de ellos nos da testimonio.

Veamos ahora en algunos textos lo que nos puede dejar “el discípulo amado” para que nos ayude a continuar nuestro itinerario de fe y de discípulos de Jesús. Veremos brevemente:

 

  • El discípulo amado: testigo modelo. (Jn. 21, 20- 24)
  • El discípulo amado: modelo de oración. (Jn. 13, 23-26)
  • El discípulo amado: modelo de filiación y fidelidad. (Jn. 19, 25-27)
  • El discípulo amado: modelo de profeta. (Jn. 21, 7)

 

 

  • El discípulo amado: testigo modelo. (Jn. 21, 20- 24)

 

El Evangelio de Juan se cierra con un misterioso final;  dejándonos la mirada y el corazón puestos en la figura del discípulo al que Jesús amaba.

V.20    “Pedro volviéndose” (como Jesús lo había hecho al comienzo del Evangelio) ve al discípulo amado detrás. Pedro simbolizará la autoridad, el otro discípulo “el carisma”, “los carismas”. Ambos  caminarán juntos porque fueron testigos de la Resurrección de Cristo. Pero el evangelista agrega un detalle muy importante: “el que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús…”

 

¿Qué nos dice este gesto?

            Nos indica varias cosas que podremos completarlas en nuestra oración personal.

Por un lado simboliza el amor especial de Jesús hacia este discípulo. Lo que hace que su testimonio tenga una fuerza especial y única porque brota de una intimidad única entre Jesús y él.

Por otro lado el discípulo amado es testigo privilegiado del amor de Dios por los hombres, manifestado en Cristo. Podríamos agregar que ese amor que lo “comprende” el discípulo amada como ninguno, se manifiesta en el momento culminante de la vida del Verbo Encarnado. En el libro de “la Hora”, en la “Última Cena” es cuando más podemos “comprender” el amor de Dios por los hombres: “los amó hasta el fin” (Jn. 13,1)

Por último digamos que esa insistencia de Jesús en marcar “si yo quiero que él quede hasta mi venida” (Jn. 21, 22.23) no señala la permanencia física, el no morir del discípulo, sino que describe la vocación del discípulo amado: ser testigo en la comunidad del amor sin límites y permanente de la Palabra hecha carne”

Concluimos entonces que “Juan” será el discípulo modelo y símbolo perfecto de todos los que seguimos a Jesús en la comunidad ideal. El discípulo que permanece en un amor que no muere.

Desde acá entendemos las palabras finales del Evangelio: “Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían. (Jn. 21, 24-25)

Este mundo que no podrá abarcar nunca los libros que se escribirían sobre Jesús, señala la imposibilidad humana de “penetrar”, “permanecer” y “testimoniar” el amor sin límites de Dios por los hombres .Dicho de  otra manera: el mundo podrá contener todos los libros que se sigan escribiendo sobre Jesús, pero a Él, no.

 

  • El discípulo amado: modelo de oración. (Jn. 13, 23-26)

 

Esto se desprende del punto anterior, lo profundiza y completa. El discípulo amado, confidente de los secretos del corazón de Jesús se perpetúa en los lectores del evangelio. Y así, todos los que leyendo este texto hagan un itinerario de fe y de discípulos del Señor, terminarán haciendo su profesión de fe y se convertirán en “discípulos amados” de Jesús. Y así harán visible, permanente y perpetuo el “amor hasta el fin” del Señor.

Juan nos entrega este evangelio como una luz para guiarnos en este itinerario de discípulos. Nos tocará a nosotros reclinarnos sobre su pecho y permanecer en él. Así podremos experimentar que somos sus “discípulos amados” y, por lo mismo, dar testimonio de la Verdad.

 

  • El discípulo amado: modelo de filiación y fidelidad. (Jn. 19, 25-27)

 

Para muchos estos tres versículos constituyen la página más maravillosa de toda la teología sobre la Virgen María. Esta escena parece cerrarse en una intimidad ajena al drama que rodea la Muerte de Jesús. Es como si desaparecieran el resto de sus protagonistas, hasta el  mismo Monte Calvario. Y un haz de luz se centra en la Cruz clavada en tierra, en la Madre y el discípulo amado.

Olvidándose de sí mismo y de sus dolores, Cristo piensa en nosotros a través del discípulo amado. María será la Madre de la comunidad de los que creerán en Cristo.

  1. 25 “junto a la Cruz de Jesús” quiere señalar más bien la persona de Jesús. No tanto el madero, sino el que está crucificado

“estaba su madre”. Ese estaba señala una presencia especial y única. Y a la primera que nombra es a la Madre. Por eso lo que se quiere mostrar es una cercanía de María. Una permanencia única de la Madre junto al Hijo: libre y voluntaria. Señalando con ello la fidelidad extrema.

  1. 26 “viendo junto a ella al discípulo a quien amaba”. Resalta al discípulo concreto que es testigo privilegiado de ese hecho. Pero también al modelo de discípulo cuyas características son: ser fiel hasta la cruz y ser hijo ejemplar.

V.27 “desde aquella hora la recibió en su casa”. No quiere significar un tiempo concreto sino “la hora” de Jesús: la hora suprema de la glorificación y la redención.

La casa simboliza “los bienes” para señalar que el discípulo amado la acoge a la madre como un bien para sí, un tesoro. María cual nueva Eva es contemplada como la Madre de todos los vivientes de la nueva creación que nace del costado de Cristo dormido en la cruz

También la casa es símbolo de la Iglesia que tiene en María una Madre protectora.

El verdadero discípulo solo puede ofrecer a María la casa de su corazón, recibirla como un bien espiritual único y especial. Al hacerlo gustará la protección de la Madre de Jesús; María será su Madre. Ella es quien da; el discípulo es quien recibe.

 

  • El discípulo amado, modelo de profeta. (Jn. 21, 7)

 

V.7 “Es el Señor” Son las palabras que dice el discípulo amado. Lo reconoce primero que ninguno de los otros discípulos. Y hace una profesión de fe maravillosa. Él ya había creído en la resurrección de Cristo  la mañana del primer día, cuando vio las vendas y el sudario. Ahora el discípulo amado culmina su itinerario de fe con esta proclamación única. Tiene el privilegio de ver proféticamente en medio de la oscuridad de la noche. Reconoce más allá de las cosas simples y comunes. Tampoco siente la necesidad de arrojarse como Pedro que nada hasta la orilla. Por eso es modelo de profeta: ve, lee, interpreta y proclama antes que nadie.

 

 

  • Puntos para la oración

 

  1. Recorrer el itinerario del discípulo amado tomando algunos de los textos donde aparece. Encontrarme con Jesús en alguno de estos momentos.

 

  1. Descubrir en la vida que llevo hoy, el amor incondicional de Jesús que me reconoce y llama como “su discípulo amado”

 

  1. Hacer una profesión de fe como discípulo amado del Señor desde los textos rezados