Charla 13: La Virgen Maria

13° CHARLA. LA VIRGEN MARÍA

“Hagan lo que Él les diga”

 

Llegamos al último de nuestros encuentros y a nuestro último protagonista. Vamos a detenernos en un par de relatos de los más maravillosos que el Evangelio de San Juan nos ha dejado… El primer signo de Jesús: las “Bodas de Caná” que viene contado con mucha frescura… Y desde ahí nos vamos a acercar al Calvario, al pie de la Cruz. Vamos a revivir estas EXPERIENCIAS JUNTO A MARÍA que le agrega a los relatos su presencia maternal, su calor humano… su ternura… su compasión e inquietud… sus silencios y contemplaciones…

El último de nuestros encuentros va a ser con Jesús y con su Madre. Y nos vamos a ubicar como un discípulo de Jesús que estuvo primero en esas bodas en Caná; para terminar estando con María y el discípulo amado al pie de la Cruz.

 

  • LAS BODAS DE CANA (Jn. 2, 1-11)

 

Empezamos dividiendo el texto en momentos:

  • Introducción. (v. 1-2)
  • Primer momento. (v. 3-5)
  • Segundo momento (v 6-10)
  • Conclusión (11-12)

 

  • Introducción. (v. 1-2)

 

V.1 “Tres días después”… (repasamos todo el Cap. 1) Tenemos una semana completa… lo que nos hace recordar otro relato… lo que hizo Dios día tras día en “la creación del mundo…” (Gn. 1) Juan quiere mostrarnos en este comienzo de su Evangelio que hay una nueva creación que se da cuando el mismo Dios viene al mundo que había creado… viene a recrearlo “en carne humana…”. “La Palabra se hizo carne y habito entre nosotros”. Este “HABITÓ” nos abre al segundo de los grandes detalles…

 

            “Se celebraran unas bodas” ¿entre quiénes? En ningún momento aparecen los nombres de los novios. Es que la verdadera boda se celebra en la NUEVA ALIANZA que Cristo lleva adelante con su encarnación y que la sella con su sangre… Esta es la boda definitiva que “celebra”… Juan no dice “se festejaban unas bodas… Caná será el anticipo de esas bodas entre el Esposo Jesús y la nueva esposa que es la humanidad redimida, la Iglesia nosotros, los discípulos de Jesús.

 

Y como un detalle para no olvidarlo: el contexto… Jesús acaba de reunir al primer grupo de discípulos… ¿Cómo termina el capítulo 1? “Veras cosas más grandes… Verán al Hijo del hombre…” Lo primero que van a ver es este signo de Jesús.

Juan no lo llamó milagro… el signo es guía para comprender, entender, saborear algo que hay más allá. Sin dejar de ser un hecho milagroso,  histórico y real, este primer signo tiene todo otro sentido espiritual… Por eso este signo es Jesús… Y María será la que nos llevará a tener una nueva experiencia de fe…, de encuentro con Jesús. Esta experiencia será celebrar con Jesús en una nueva boda; una nueva alianza de amor… Y lo vamos a hacer de la mano de la Madre de Jesús que nos va a guiar…

 

V.1. “La Madre de Jesús estaba…” Nunca Juan la llama María… La Madre estaba…

V.2. En cambio Jesús y discípulos “fueron invitados”

Y esto para que nos vaya resonando este otro texto: “Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre”. María está como Madre al comienzo y al final de la Vida de su Hijo… Solo en estos dos pasajes aparece su figura…

 

  • Primer momento. (v. 3-5)

 

 

V 3. “No tienen vino” El vino como figura de la felicidad, de la alegría… ¿Quién se da cuenta de esta falta? La Madre…María es la discípula que ha llegado más lejos que todos los otros invitados… ¿Por qué? Porque ella está atenta, está observando… mira… escucha… y habla lo necesario.

Y frente al aparente rechazo, a la distancia que su Hijo toma de Ella y de la situación, sigue adelante y lleva a que centrarnos la mirada en Jesús…

  1. 4 “Mujer” En San Juan este término tiene un profundo trasfondo eclesial. (Eva es la primera mujer, de la que descienden los hombres. María es la nueva Eva de la que desciende la nueva humanidad… la que nace de Cristo y cuya Madre es María.

 

V 5. “Hagan todo lo que Él les diga”. María que ha realizado mejor que nadie su itinerario de fe, nos lo muestra a Jesús. Más aún, va más al fondo… nos lo señala a su Hijo (como Juan Bautista) y nos recomienda: “Hagan todo lo que Él les diga”

            ¿A quién le dirige la Madre este mensaje? A los sirvientes no a los discípulos. Estas palabras son para quienes aún no están en el camino o itinerario del discípulo. Es un mensaje también para nosotros que leemos el Evangelio. Es el llamado que María nos hace a creer en Jesús…Creer es aceptar y entregarse totalmente a Él. Para poder hacer esto Jesús nos dirá todo lo que tenemos que hacer…

 

  • Segundo momento (v 6-10)

 

  1. 6 “seis tinajas”. Sentido simbólico de imperfección. No siete…

 

V 7.     “Llenen las tinajas… saquen el agua… lleven al encargado…” Actitudes propias de los que están participando de distintas maneras en esas bodas… (el encargado, el esposo, los sirvientes, los discípulos, etc) Actitudes que pueden servirnos para rezar…

 

V.10    “el buen vino”. Símbolo de Cristo que trae la verdadera “novedad” al desposarse con los hombres. Y con ello trae la alegría.

 

  • Conclusión (11-12)

 

  1. 11 “el primer signo”. Nunca el evangelio de Juan habla de milagros. ¡El signo vale por lo que significa!

 

V11. “Gloria” que Cristo manifiesta a través de este y otros signos. Pero Jesús la va a manifestar sobre todo en su “HORA”… (que es la otra palabra que la deja y que está en palabras de Jesús) La “Hora de la Gloria suprema” será la cruz… cuando del costado traspasado por la lanza broten sangre y agua… será “el mejor vino”… será la nueva y eterna alianza…

V.11 “creyeron sus discípulos en Él”. Creer en Juan es adherirse plenamente: aceptar, interiorizar y entregarse sin reservas a la Persona de Jesús.

Lectores y discípulos somos invitados a las bodas de Caná para hacer nuestro itinerario de fe. De ahora en adelante ese acompañarlo a Jesús llevará el deseo de conocerlo más para creer en Él y para que “creyendo tengamos Vida”

 

 

  • AL PIE DE LA CRUZ (Jn. 19, 25-27)

 

María, después de esta aparición en Caná, volverá a aparecer junto a la Cruz de Jesús en el Calvario. En su Evangelio, San Juan ha sabido ubicar a María al comienzo de su ministerio y al final… en la “Hora”. Si en Caná interviene discretamente, en el Calvario está presente y en un absoluto silencio. Si en Caná, su Hijo pareciera rechazar su intervención, en el Calvario le ruega acoger en su maternal corazón al discípulo al que amaba. La razón es “la Hora”: el momento histórico de la salvación llevada a cabo por Jesús con su Muerte y Resurrección.

Y desde ese momento Jesús desaparecerá físicamente de la comunidad y será la vocación de María la de acoger y amparar a los discípulos amados por su Hijo. Es como si el Señor dijera: “Mujer, ha llegado la Hora: te ruego que recibas maternalmente a este representante de la Iglesia; en él tienes a tu Hijo. Empieza tu nueva misión: seguir siendo Madre de esta comunidad… Madre de la Iglesia. Y tú, discípulo a quien amo, reconoce que no quiero dejarte huérfano: Ahí tienes a tu Madre”

El papel de la digna y gran Mujer que cruza la revelación desde el Génesis hasta el Apocalipsis, se define en Caná y en el calvario: ser Madre de la Iglesia.

En la imagen de la lanza que atraviesa el costado de Cristo ya dormido en la Cruz, en esas gotas de sangre y agua que ve el discípulo amado y nos da su testimonio, se confirma esta interpretación: cuando nace la Iglesia entre los sufrimientos del Calvario, María con el corazón traspasado de dolor, es la Mujer que sufre dolores de parto que da a luz a los nuevos hijos y discípulos amados por Dios. Por lo tanto Ella es Madre

 

  • CONCLUSIÓN

 

María ha sido la primera discípula amada. Ha sido la primera en comprender la necesidad de escuchar con fe la Palabra de Dios. Una vez escuchada, hay que cumplir la Palabra, “hacerla vida” poniéndola en práctica. María que llevó en su seno a la Palabra hecha carne y la dio a luz,  en las Bodas de Caná, llega a ser modelo de los discípulos de Jesús, porque comprendió mejor que nadie la intención de Jesús y comulgó con su voluntad.

Ella nos enseña el valor de la obediencia que consiste en hacer la voluntad de Dios expresada por su Hijo. Haciendo lo que Jesús nos diga podremos participar en el Banquete de bodas eternas en el Cielo.

 

           

 

  • Texto de Jn. 2, 1- 11