Charla 3

CURSOS DE FORMACIÓN PERMANENTE. LA SANTIDAD Y LOS SANTOS

SAN JOSÉ: Un modelo para nuestro tiempo.

TERCERA  CHARLA: Algunos documentos de la Iglesia.

 

  • OBJETIVOS DEL CURSO
  • En este año dedicado especialmente a honrar a San José, conocer la riqueza de su vida.
  • Profundizar en los textos de la Sagrada Escritura que lo mencionan explícitamente o hacen referencia o alusión a él. También recorrer el Magisterio de la Iglesia.
  • Renovar nuestra vocación a la santidad desde la persona y la intercesión de San José
  • Promover la devoción en cada uno, en nuestras familias y comunidades.
  • INTRODUCCIÓN. El nacimiento de Jesús. (Lc. 2, 12- 20)

 

Tomaremos este pasaje del Nuevo Testamento que quiere ser punto de partida para nuestro encuentro de hoy. También para un posterior trabajo de oración de cada uno de ustedes, junto con el Señor y en diálogo con nuestro querido San José.

Para esto, les propongo utilizar el siguiente esquema que tiene tres pasos:

  1. Lo que nos dice la Palabra de Dios
  2. Lo que José puede decirnos
  3. Lo que le digo yo a San José y a Jesús.

 

  1. Lo que nos dice la Palabra de Dios

 

(V. 1-6) San Lucas nombra Belén en un marco histórico: personajes, geografía, fechas, etc. José de Nazaret recién casado con María y el empadronamiento en la ciudad de Belén están ubicados dentro de esta realidad. Y lo que sucede a continuación: “Mientras se encontraban en Belén le llegó el tiempo de ser madre”.

San Mateo confirma este acontecimiento cuando dice de Jesús: “nacido en Belén de Judea” (2,1). Y también nos recuerda la profecía de Miqueas: “Y tú Belén, tierra de Judá, no eres la menor, porque de ti nacerá el caudillo” (2,6)

Lucas escoge un estilo breve y sencillo. La invitación a imaginarnos las escenas previas al nacimiento, podrán ayudarnos. Dejemos que sea Jesús quien nos muestre, tantas veces cuantas contemplemos esta escena, la “novedad” de este misterio tan grande y maravilloso como pequeño y oculto.

 

(V.7) “… y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre”

Jesús, el Hijo de Dios, nace como cualquier hombre. Más aún: nace más pobremente que muchos niños. Y esto porque ni siquiera “había lugar para ellos en el albergue”.

Sumergidos en el mayor de los silencios, Madre y padre, son protagonistas del misterio de nuestra redención. Y ambos dos, son contemplativos… Miran con ojos de fe la obra que Dios está realizando. Asombrados y superados por el misterio que abrazan, se sumergen en la oración más profunda: adoración, gratitud, súplica y abandono.

Todo es relatado con simpleza; como para que cada uno podamos dejarlo a Jesús que nos explique “su nacimiento” imitando estas actitudes de María y José.

San Juan Pablo II resume en estas palabras el protagonismo de San José en el misterio de la Navidad:

“José fue testigo ocular de este nacimiento, acaecido en condiciones humanamente humillantes, primer anuncio de aquel «anonadamiento» (Flp 2, 5-8), al que Cristo libremente consintió para redimir los pecados. Al mismo tiempo José fue testigo de la adoración de los pastores, llegados al lugar del nacimiento de Jesús después de que el ángel les había traído esta grande y gozosa nueva (cf. Lc 2, 15-16); más tarde fue también testigo de la adoración de los Magos, venidos de Oriente (cf. Mt 2, 11). (R.C.10)

 

 

 

  1. Lo que José puede decirnos:

 

“Los contratiempos de semejante viaje y la situación de mi joven esposa María, no pudieron menos de preocuparnos un poco a los dos. Pero nos pusimos en camino, soñando en Belén. Estando allí, el Niño que estaba por nacer comenzó a dar los primeros avisos. Yo había agotado recursos y llamadas con el fin de encontrar un rincón, al menos, íntimo y decoroso en donde María pudiera dar a luz. No encontré nada. Mi súplica pudo hasta causarle gracia. Es así como terminamos en la primera cueva que encontramos en las afueras. María y yo nos metimos en aquella gruta sucia porque no nos quedaba mucho tiempo…

¡Qué noche tan larga Dios mío!

Me apresuré a limpiar… Recogí unas pajas… Esa era nuestra realidad: una cueva que los animales la adoptaron como casa. Aquel pesebre, sin embargo, nos hizo un gran favor… fue la cuna preparada para el que estaba naciendo.

La miré a María… Tiritaba de frío y emoción. Me decía: “¡José!, Con estas manos habremos de tenerlo, con estos ojos lo miraremos muy pronto. ¡Ayúdame, José, ayúdame a sostenerlo!”

Yo me decía: “Llevaré entre mis manos al hijo de Dios, qué es también mi Hijo… Y podré besarlo…, adorarlo…, criarlo…”

Puedo decirles que todo sucedió como fuera del tiempo… Y cuando reaccioné, el niño lloraba con fuerza. Jesús, mi Hijo, estrenaba así la vida fuera del seno materno. Abracé a María que abrazaba al Niño… Y los dos lo arropamos entre pañales y brazos… Y nos hundimos en el misterio

Pero deténganse a pensar y rezar en “otros pesebres” y en “otros pañales”. Nuestros corazones, nuestras caricias y besos fueron para Jesús los abrazos que Dios padre le daba al recién nacido… Desde el primer momento de nacer Jesús le ofrecimos lo mejor que teníamos María y yo: protección, calor, seguridad.

  1. Lo que le digo yo a San José y a Jesús:

 

“Dios mío: me quedo mudo, pensando y mirando…, sin poder decir nada.

Adoro y contemplo… Contemplo y agradezco… Agradezco y pregunto: ¿Cómo es posible?…  ¿Dios en una cueva? ¿Dios en un pesebre de animales? ¿Dios se hizo hombre?

Hombre… niño… pobre… Pura fragilidad… Todo necesidad…

Así quiso Dios hacer las cosas más grandes…

Así nos quiso redimir… ¡Signo de contradi

 

 

 

 

 

cción! Solamente Dios en el pesebre es verdad, realidad y amor. Así nos sigue enseñando…

  • Silencio de José: enseñame a contemplar…
  • Contemplación de José: enseñame a adorar…
  • Adoración de José: enseñame a rezar”

 

 

  • DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

 

  • Papa Pío IX. Proclamó a San José Patrono de la Iglesia en 1870
  • León XIII. Primera Encíclica a San José. “Quamquam pluries” (Aunque muchas veces antes).
  • Pío Xaprobó las letanías de San José e invitó a los fieles a honrarlo el miércoles.
  • Benedicto XVdedicó el motu proprio Bonum Sane a San José.
  • Pío XII instituyóla fiesta de San José, patrono del trabajo, el 1° de mayo.
  • San Juan XXIIIlo nombró patrono del Concilio Vaticano II.
  • San Juan Pablo II. Exhortación Apostólica Redemptoris Custos (Custodio del Redentor) a San José.
  • Benedicto XVIsubrayó repetidamente la excelencia de sus virtudes.
  • Francisco escribe “Patris corde” y declara el año 2021, un Año jubilar en honor de San José.

 

 

  1. Decreto del Papa Pio IX. Proclamando a San José como Patrono de la Iglesia. (8/12/1870)

 

“Del mismo modo que Dios constituyó al otro José, hijo del patriarca Jacob, gobernador de toda la tierra de Egipto para que asegurase al pueblo su sustento, así al llegar la plenitud de los tiempos, cuando iba a enviar a la tierra a su unigénito para la salvación del mundo, designó a este otro José, del cual el primero era un símbolo, y le constituyó señor y príncipe de su casa y de su posesión y lo eligió por custodio de sus tesoros más preciosos. Porque tuvo por esposa a la inmaculada virgen María, de la cual por obra del Espíritu Santo nació nuestro señor Jesucristo, tenido ante los hombres por hijo de José, al que estuvo sometido. Y al que tantos reyes y profetas anhelaron contemplar, este José no solamente lo vio sino que conversó con él, lo abrazó, lo besó con afecto paternal y con cuidado solícito alimentó al que el pueblo fiel comería como pan bajado del cielo para la vida eterna.

Por esta sublime dignidad que Dios confirió a su siervo bueno y fidelísimo, la Iglesia, después de a su esposa, la Virgen madre de Dios, lo veneró siempre con sumos honores y alabanzas e imploró su intercesión en los momentos de angustia…  Y puesto que en estos tiempos tristísimos la misma Iglesia es atacada por doquier por sus enemigos y se ve oprimida por tan graves calamidades… los venerables obispos de todo el orbe católico, … elevaron sus preces al Sumo Pontífice para que se dignara constituir a san José por patrono de la Iglesia. Y al haber sido renovadas con más fuerza estas mismas peticiones y votos durante el santo concilio ecuménico Vaticano, Nuestro Santísimo Papa Pío IX, … quiso satisfacer los votos de los obispos y solemnemente lo declaró Patrono de la Iglesia Católica.”

 

  1. Pio XII. Proclamando a San José “Patriarca del trabajo” (1/5/1955)

 

En Estados Unidos, la Federación Americana del Trabajo, convocó para el 1 de mayo de 1868 una huelga general pidiendo que se estableciese la jornada máxima de trabajo de 8 horas. La huelga fue especialmente seguida en Chicago, donde se prolongó durante los días 2 y 3, con numerosos heridos y muertos.  A lo largo del siglo XX, se extendió por la mayor parte de los países la celebración de ese día.

En ese contexto reivindicativo el Papa Pío XII toma la decisión de establecer la fiesta litúrgica de San José Obrero el 1 de mayo. Así lo comunicó en el discurso dirigido a la “Asociación de trabajadores cristianos”:

“Como Vicario de Cristo, queremos reafirmar [estos valores], aquí, en esta jornada del 1 de mayo que el mundo del trabajo se ha otorgado a sí mismo como celebración propia, con la intención de que todos reconozcan la dignidad del trabajo, y que este inspire la vida social y las leyes, basadas en el reparto equitativo de derechos y deberes. Así…, lejos de ser un despertar de la discordia, el odio y la violencia, es y será una invitación recurrente a la sociedad moderna a hacer lo que aún falta: buscar la paz social.

Continúa explicando que precisamente con ese significado ha instituido la fiesta litúrgica de San José artesano, asignándolo precisamente el 1 de mayo, consciente de que el humilde obrero de Nazaret personifica ante Dios y la Iglesia la dignidad del trabajo manual.

 

  1. San Juan Pablo II. “Redemptoris Custos” 15/8/1989. INTRODUCCIÓN
  2. EL MARCO EVANGÉLICO
  3. EL DEPOSITARIO DEL MISTERIO DE DIOS
  • EL VARÓN JUSTO – EL ESPOSO
  1. EL TRABAJO EXPRESIÓN DEL AMOR
  2. EL PRIMADO DE LA VIDA INTERIOR
  3. PATRONO DE LA IGLESIA DE NUESTRO TIEMPO

 

Capítulo V. El primado de la vida interior (N° 25- 27)

 

  • Silencio y contemplación (N° 25)

 

“También el trabajo de carpintero en la casa de Nazaret está envuelto por el mismo clima de silencio que acompaña todo lo relacionado con la figura de José. Pero es un silencio que descubre de modo especial el perfil interior de esta figura. Los Evangelios hablan exclusivamente de lo que José «hizo»; sin embargo permiten descubrir en sus «acciones» —ocultas por el silencio— un clima de profunda contemplación. José estaba en contacto cotidiano con el misterio «escondido desde siglos», que «puso su morada» bajo el techo de su casa… “

 

  • Sacrificio y vida interior (N° 26)

 

El sacrificio total, que José hizo de toda su existencia a las exigencias de la venida del Mesías a su propia casa, encuentra una razón adecuada «en su insondable vida interior, de la que le llegan mandatos y consuelos singularísimos, y de donde surge para él la lógica y la fuerza —propia de las almas sencillas y limpias— para las grandes decisiones, como la de poner enseguida a disposición de los designios divinos su libertad, su legítima vocación humana, su fidelidad conyugal, aceptando de la familia su condición propia, su responsabilidad y peso, y renunciando, por un amor virginal incomparable, al natural amor conyugal que la constituye y alimenta»

 

… Puesto que el amor «paterno» de José no podía dejar de influir en el amor «filial» de Jesús y, viceversa, el amor «filial» de Jesús no podía dejar de influir en el amor «paterno» de José, ¿cómo adentrarnos en la profundidad de esta relación singularísima? Las almas más sensibles a los impulsos del amor divino ven con razón en José un luminoso ejemplo de vida interior.

 

  1. Benedicto XVI. (Angelus 19 de marzo de 2016)

 

“Su grandeza, como la de María, resalta aún más porque cumplió su misión de forma humilde y oculta en la casa de Nazaret. Por lo demás, Dios mismo, en la Persona de su Hijo encarnado, eligió este camino y este estilo —la humildad y el ocultamiento— en su existencia terrena.

El ejemplo de san José es una fuerte invitación para todos nosotros a realizar con fidelidad, sencillez y modestia la tarea que la Providencia nos ha asignado. Pienso, ante todo, en los padres y en las madres de familia, y ruego para que aprecien siempre la belleza de una vida sencilla y laboriosa, cultivando con solicitud la relación conyugal y cumpliendo con entusiasmo la grande y difícil misión educativa.”