Charla 4

CURSOS DE FORMACIÓN PERMANENTE. LA SANTIDAD Y LOS SANTOS

SAN JOSÉ: Un modelo para nuestro tiempo.

CUARTA CHARLA: Magisterio y espiritualidad.

 

  • INTRODUCCIÓN. La presentación en el templo. (Lc. 2, 22- 38)

 

Tomaremos este pasaje del Nuevo Testamento que quiere ser punto de partida para nuestro encuentro de hoy. También para un posterior trabajo de oración de cada uno de ustedes, junto con el Señor y en diálogo con nuestro querido San José.

Para esto, les propongo utilizar el siguiente esquema que tiene tres pasos:

  1. Lo que nos dice la Palabra de Dios
  2. Lo que José puede decirnos
  3. Lo que le digo yo a San José y a Jesús.

 

  1. Lo que nos dice la Palabra de Dios:

 

Repasemos a la luz de la Palabra de Dios y de la reflexión del Papa San Juan Pablo II dos pasajes bíblicos que preparan y están estrechamente ligados a la presentación de Jesús.

 

 

  • La circuncisión (R.C. 11)

 

“Siendo la circuncisión del hijo el primer deber religioso del padre, José con este rito (cf. Lc 2, 21) ejercita su derecho-deber respecto a Jesús. El principio según el cual todos los ritos del Antiguo Testamento son una sombra de la realidad (cf. Heb 9, 9 s.; 10, 1), explica el por qué Jesús los acepta. Como para los otros ritos, también el de la circuncisión halla en Jesús el «cumplimiento». La Alianza de Dios con Abraham, de la cual la circuncisión era signo (cf. Jn 17, 13), alcanza en Jesús su pleno efecto y su perfecta realización, siendo Jesús el «sí» de todas las antiguas promesas (cf. 2 Cor 1, 20)”.

 

  • La imposición del nombre (R.C. 12)

 

“En la circuncisión, José impone al niño el nombre de Jesús. Este nombre es el único en el que se halla la salvación (cf. Hechos 4, 12); y a José le había sido revelado el significado en el instante de su «anunciación»: «Y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 21). Al imponer el nombre, José declara su paternidad legal sobre Jesús y, al proclamar el nombre, proclama también su misión salvadora.”

 

  • La presentación en el templo.

 

V.22- 24. A los cuarenta días, la familia se presenta en el templo de Jerusalén siguiendo la legislación antigua (Ex 13,12/ Lev. 12,8) para la purificación y la ofrenda mandada

 

V.25- 27. Irrumpe Simeón, descripto como “honrado, piadoso” y hombre guiado por el Espíritu de Dios. En Simeón vemos que se alarga el Antiguo Testamento para dar la bienvenida al Nuevo, en la persona de Jesús.    El viejo y el niño… La promesa y la esperanza… Las profecías y el Espíritu. Binomios que nos señalan esta unión y continuidad.

 

  1. 28. El gesto de tomarlo a Jesús Niño en sus brazos significa: ver, contemplar y disfrutar “la salvación” de Dios y el cumplimiento de las promesas hechas desde Abraham. Y así lo expresa en su cántico:

 

  1. 29- 32. Seguro de un futuro “nuevo y maravilloso” Simeón puede morir “en paz”. Ver la luz en el Niño que abraza es comprender lo que vivió desde la fe durante toda su vida. Ahora anciano, Simeón, recibió la gracia de anticiparse en la contemplación del Redentor y del misterio de “gloria y salvación”

 

V.33- 35. El asombro silencioso de María y José crece aún más frente a las profecías relatadas por el anciano y que descansan tanto en el Mesías como en su Madre. Todo descripto en lenguaje “bélico”: caída, levante, espada, estandarte

  1. 36-39. Ahora la fragilidad señalada en la persona de Ana, viuda y anciana, remarca el obrar misterioso de Dios que bendice y revela sus misteriosos designios a los “pobres del Reino”

 

“Este rito, narrado por Lucas (2, 2 ss.), incluye el rescate del primogénito e ilumina la posterior permanencia de Jesús a los doce años de edad en el templo. El rescate del primogénito es otro deber del padre, que es cumplido por José. En el primogénito estaba representado el pueblo de la Alianza, rescatado de la esclavitud para pertenecer a Dios. También en esto, Jesús, que es el verdadero «precio» del rescate (cf. 1 Cor 6, 20; 7, 23; 1 Ped 1, 19), no sólo «cumple» el rito del Antiguo Testamento, sino que, al mismo tiempo, lo supera, al no ser él mismo un sujeto de rescate, sino el autor mismo del rescate.

El Evangelista pone de manifiesto que «su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él” (Lc 2, 33), y, de modo particular, de lo dicho por Simeón, en su canto dirigido a Dios, al indicar a Jesús como la «salvación preparada por Dios a la vista de todos los pueblos» y «luz para iluminar a los gentiles y gloria de su pueblo Israel» y, más adelante, también «señal de contradicción» (cf. Lc 2, 30-34)” (R.C. 13)

 

 

  1. Lo que José puede decirnos:

 

“El templo… la casa de Dios, santuario y herencia de nuestro patrimonio pascual… con tanta historia y con todo el peso de las Escrituras…del culto… y de la Ley

María y yo pensábamos continuamente en Jerusalén y en el templo… Las Pascuas vividas desde nuestro compromiso. Y otras fiestas tan sagradas para nosotros. Pero desde aquel día cuando Simeón lo tomó a Jesús en sus brazos, todo tuvo un significado “nuevo”, profundo y revelador. Fuimos descubriéndolo con el correr del tiempo y el crecimiento de Jesús. Fuimos profundizándolo cada vez que le contábamos a Jesús esa “presentación” suya… esas palabras de estos santos ancianos Simeón y Ana.

Humildes y agradecidos, admirados y sorprendidos por lo vivido en el Templo, encontramos “epifanías” de Jesús cada vez que lo conversábamos con el Niño que iba creciendo “en sabiduría y en gracia” delante de nosotros… de los otros… y de Dios (cf. Lc. 2, 39-40)

Mi experiencia del Dios confiado a mi cuidado, creaba en mí experiencias de fe superiores a lo que se los pueda contar. ¡Fue un comprender no entendiendo! Lo que seguro puedo confiarles es que sentí colmadas y absolutamente superadas todas las expectativas que tenía como padre del Hijo de Dios.”

 

  1. Lo que le digo yo a San José y a Jesús:

 

“Quisiera aprender de ustedes la grandeza de la obediencia. De la escuela de Jesús, el “Dios con nosotros” y tuyo San José quisiera empaparme de esta virtud. Aprender a ser obediente como Vos Jesús que te hiciste obediente como Palabra que se hizo Carne en el seno de María…; como Palabra que se hizo obediente en la pobreza de Belén. Obediente hasta la docilidad de cumplir con tus padres, las leyes y cultos de un pueblo. Obediente hasta la muerte de Cruz. Obediente hasta hacerte Palabra hecha Pan…, alimento para nosotros.”

 

 

  • DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA. Continuación

 

  1. Papa Francisco. Carta apostólica “Patris Corde”

 

  • Introducción:
  • Contexto bíblico
  • Contexto del Magisterio de la Iglesia.

 

  • Algunos aspectos de la paternidad de San José

 

  1. Padre amado
  2. Padre en la ternura
  3. Padre en la obediencia
  4. Padre en la acogida
  5. Padre de la valentía creativa
  6. Padre trabajador
  7. Padre en la sombra

 

  • Conclusión y oración final

 

 

Tomemos algunos aspectos de esta paternidad a la luz del documento

 

  1. Padre amado

 

La grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús.

San Pablo VI observa que su paternidad se manifestó concretamente «al haber hecho de su vida un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa».

San José es un padre ha sido amado por el pueblo cristiano:

  • se le han dedicado numerosas iglesias en todo el mundo;
  • institutos religiosos se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre;
  • muchos santos y santas le tuvieron una gran devoción, entre ellos Teresa de Ávila.
  • Los libros de oraciones encuentran alguna oración a san José.
  • Invocaciones particulares que le son dirigidas todos los miércoles;
  • durante todo el mes de marzo, tradicionalmente se ha dedicado la iglesia a honrarlo.

 

  1. Padre en la ternura

 

José vio a Jesús progresar día tras día «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc. 2,52)… le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos… Jesús vio la ternura de Dios en José (Sal 103,13/ 145,9).

Muchos de los caminos y designios de Dios, se realizan a través y a pesar de nuestra debilidad. Lo que supone de nuestra parte:

 

 

  • Aceptación: Muchas veces pensamos que Dios se basa sólo en la parte buena y vencedora de nosotros. Debemos aprender a aceptar nuestra debilidad con intensa ternura El dedo que señala y el juicio que hacemos de los demás son a menudo un signo de nuestra incapacidad para aceptar nuestra propia debilidad, nuestra propia fragilidad. Sólo la ternura nos salvará de la obra del Acusador (cf. Ap12,10).
  • Reconciliación: Por esta razón es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Reconciliación, teniendo una experiencia de verdad y ternura.
  • Confianza: Dios obra a través de nuestra debilidad. Puede y quiere actuar, muchas veces, a través de nuestros miedos y nuestras fragilidades. A través de la angustia de José pasó la voluntad de Dios, su historia, su proyecto Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia.
  1. Padre en la obediencia

 

Dios le manifestó su plan de salvación a José y le reveló sus designios a través de sueños que, en la Biblia, como en todos los pueblos antiguos, eran considerados uno de los medios por los que Dios manifestaba su voluntad.

  • Primer sueño: José estaba muy angustiado por el embarazo incomprensible de María; no quería denunciarla públicamente pero decidió romper su compromiso en secreto (Mt1,19). Es entonces cuando entre sueños el ángel lo ayudó a resolver su grave dilema: «No temas aceptar a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21). Su respuesta fue inmediata: «Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado» (Mt 1,24). Con la obediencia superó su drama y salvó a María.
  • Segundo sueño: el ángel ordenó a José: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt2,13). José no dudó en obedecer, sin cuestionarse acerca de las dificultades que podía encontrar (Mt 2,14-15).
  • Tercer sueño: En Egipto, el mensajero divino, después de haberle informado que los que intentaban matar al niño habían muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al niño y a su madre y que volviera a la tierra de Israel (cf. Mt2,19-20), él una vez más obedeció sin vacilar: «Se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel» (Mt 2,21).
  • Cuarto sueño: Pero durante el viaje de regreso, «al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, avisado se retiró a la región de Galilea y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret» (Mt2,22-23).

San Lucas se preocupó de resaltar que los padres de Jesús observaban todas las prescripciones de la ley (cf. 2,21-24) En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní.

 

  1. Padre en la acogida

 

José acogió a María sin poner condiciones previas. A pesar de no tener toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Y, en su duda de cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio» José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia. Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones.

La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo.

Tenemos que dejar de lado nuestra ira y decepción, y hacer espacio a lo que no hemos elegido, pero está allí. Acoger la vida de esta manera nos introduce en un significado oculto.

Entonces, lejos de nosotros el pensar que creer significa encontrar soluciones fáciles que consuelan. La fe que Cristo nos enseñó es, en cambio, la que vemos en san José, que no buscó atajos, sino que afrontó “con los ojos abiertos” lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona. La acogida de José nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil (cf. 1 Co 1,27),

  1. Padre de la valentía creativa

 

A veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener.

Muchas veces, leyendo los “Evangelios de la infancia”, nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. Pero Dios actúa a través de eventos y personas. José era el verdadero “milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre:

  • Cuando llegó a Belén y no encontró un lugar donde María pudiera dar a luz, se instaló en un establo y lo arregló hasta convertirlo en un lugar lo más acogedor posible para el Hijo de Dios que venía al mundo (cf. Lc2,6-7). Así, cada persona necesitada, cada pobre, cada persona que sufre, cada moribundo, cada extranjero, cada prisionero, cada enfermo son “el Niño” que José sigue custodiando. Por eso se invoca a san José como protector de los indigentes, los necesitados, los exiliados, los afligidos, los pobres, los moribundos.
  • Ante el peligro inminente de Herodes, que quería matar al Niño, organizó la huida a Egipto (cf. Mt2,13-14). A este respecto, creo que san José sea realmente un santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria.

Dios siempre encuentra un camino para cumplir su plan de salvación. Tengamos la misma valentía creativa del carpintero de Nazaret, que sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia.

Si a veces pareciera que Dios no nos ayuda, no significa que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar.

 

 

  1. Padre trabajador

 

San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.

En nuestra época actual, en la que el trabajo parece haber vuelto a representar una urgente cuestión social, es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo es un patrono ejemplar.

¿Cómo podríamos hablar de dignidad humana sin comprometernos para que todos y cada uno tengan la posibilidad de un sustento digno?

La pérdida de trabajo que afecta a tantos hermanos y hermanas, y que ha aumentado en los últimos tiempos debido a la pandemia de Covid-19, debe ser un llamado a revisar nuestras prioridades.

 

 

  1. Padre en la sombra

 

La sombra define la figura de José, que para Jesús es la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos.

Nadie nace padre, sino que se hace. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él.

Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir. Quizás por esta razón la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”.

 

Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, y

José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida.

Cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad. En cierto sentido, todos nos encontramos en la condición de José: sombra del único Padre celestial, que «hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45); y sombra que sigue al Hijo.

 

  • Conclusión y oración final

El objetivo de esta Carta apostólica es que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución.

 

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén.