Hora Santa – La Fe II

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO. TIEMPO DURANTE EL AÑO. LA FE II

Hágase en mí según tu Palabra”

  • ¿Qué es la fe?

“La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven.” (Hb. 11, 1)

La fe es don de Dios, pero es también acto profundamente libre y humano...; una apuesta de vida que es como un éxodo, salir de uno mismo, de las propias seguridades, de los propios esquemas mentales, para confiarse a la acción de Dios que nos indica su camino para conseguir la verdadera libertad, nuestra identidad humana, la alegría verdadera del corazón, la paz con todos.

  • ¿Qué significa creer hoy?

Manténganse alerta y permanezcan firmes en la fe; sean valientes y fuertes” (1 Cor. 16, 13)

A nuestro alrededor vemos cada día que muchos permanecen indiferentes o rechazan acoger este anuncio. El rechazo, no puede desalentarnos. Como cristianos somos testigos de este terreno fértil: nuestra fe, aún con nuestras limitaciones, muestra que existe la tierra buena, donde la semilla de la Palabra de Dios produce frutos abundantes de justicia, de paz y de amor, de nueva humanidad, de salvación.

  • ¿Tiene sentido la fe en un mundo donde ciencia y técnica han abierto horizontes impensables?

Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza. (1 Tim. 4,12)

De hecho en nuestro tiempo es necesaria una renovada educación en la fe, que comprenda ciertamente un conocimiento de sus verdades y de los acontecimientos de la salvación, pero que sobre todo nazca de un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo, de amarle, de confiar en Él, de forma que toda la vida esté involucrada en ello.

Hoy el hombre no parece que sea verdaderamente más libre, más humano; persisten muchas formas de explotación, manipulación, violencia, injusticia… Por otro lado crece también el número de cuantos se sienten desorientados y, buscando ir más allá de una visión sólo horizontal de la realidad, están disponibles para creer en cualquier cosa.

  • ¿Cómo orientar las elecciones de nuestra libertad para un resultado bueno y feliz de la vida?

Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo, para que todo aquel que cree en El, tenga vida eterna. (Jn. 3, 16)

La fe es un confiado entregarse a un «Tú» que es Dios, quien me da una certeza distinta, pero no menos sólida que la que me llega del cálculo exacto o de la ciencia. La fe no es un simple asentimiento intelectual del hombre a las verdades sobre Dios; es un acto con el que me confío libremente a un Dios que es Padre y me ama; es adhesión a un «Tú» que me dona esperanza y confianza. Cierto, esta adhesión a Dios no carece de contenidos: somos conscientes que Dios mismo se ha mostrado a nosotros en Cristo; ha dado a ver su rostro y se ha hecho realmente cercano a cada uno de nosotros. Es más, Dios ha revelado que su amor hacia el hombre, hacia cada uno de nosotros, es sin medida: en la Cruz, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre, nos muestra en el modo más luminoso hasta qué punto llega este amor, hasta el don de sí mismo, hasta el sacrificio total.

  • ¿Hay un futuro para el hombre, para nosotros y para las nuevas generaciones?

¿Y quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Jn. 5, 5)

La fe es creer en este amor de Dios que no decae frente a la maldad del hombre, frente al mal y la muerte, sino que es capaz de transformar toda forma de esclavitud, donando la posibilidad de la salvación. Tener fe, entonces, es encontrar a este «Tú», Dios, que me sostiene y me concede la promesa de un amor indestructible que no sólo aspira a la eternidad, sino que la dona; es confiarme a Dios con la actitud del niño, quien sabe bien que todas sus dificultades, todos sus problemas están asegurados en el «tú» de la madre…

  • ¿Qué sentido tiene vivir?

(…) Creer cristianamente significa este abandonarme con confianza en el sentido profundo que me sostiene a mí y al mundo; ese sentido que nosotros no tenemos capacidad de darnos, sino sólo de recibir como don, y que es el fundamento sobre el que podemos vivir sin miedo. Esta certeza liberadora y tranquilizadora de la fe debemos ser capaces de anunciarla con la palabra y mostrarla con nuestra vida de cristianos.

  • ¿De dónde obtiene el hombre esa apertura del corazón y de la mente para creer en Jesucristo…?

Nosotros podemos creer en Dios porque Él se acerca a nosotros y nos toca, porque el Espíritu Santo, don del Resucitado, nos hace capaces de acoger al Dios viviente. Así pues la fe es ante todo un don de Dios. Creer es fiarse con toda libertad y con alegría del proyecto providencial de Dios sobre la historia, como hizo el patriarca Abrahán, como hizo María de Nazaret. La fe es un asentimiento con el que nuestra mente y nuestro corazón dicen su «sí» a Dios, confesando que Jesús es el Señor. Y este «sí» transforma la vida, le abre el camino hacia una plenitud de significado, la hace nueva, rica de alegría y de esperanza fiable. Nuestro tiempo requiere cristianos que hayan sido aferrados por Cristo, que crezcan en la fe gracias a la familiaridad con la Sagrada Escritura y los sacramentos. Personas que sean casi un libro abierto que narra la experiencia de la vida nueva en el Espíritu, la presencia de ese Dios que nos sostiene en el camino y nos abre hacia la vida que jamás tendrá fin. (Benedicto XVI, 24 de octubre de 2012)