Hora Santa Sagrado Corazon

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO. SOLEMNIDADES DEL SEÑOR. Sagrado Corazón

El Amor del Señor permanece para siempre” (Salmo 102)

El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el más insignificante de todos. Pero por el amor que les tiene, y para cumplir el juramento que hizo a tus padres, el Señor los hizo salir de Egipto con mano poderosa, y los libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de Egipto.” (Deut. 7, 6-11)

¡El corazón de Dios se estremece de compasión! En esta solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús la Iglesia presenta a nuestra contemplación este misterio, el misterio del corazón de un Dios que se conmueve y derrama todo su amor sobre la humanidad. No se rinde ante la ingratitud, ni siquiera ante el rechazo del pueblo que se ha escogido; más aún, con infinita misericordia envía al mundo a su Hijo unigénito para que cargue sobre sí el destino del amor destruido; para que, derrotando el poder del mal y de la muerte, restituya la dignidad de hijos a los seres humanos esclavizados por el pecado. (1)

Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados” (1 Jn. 4, 7-16)

En el Corazón de Jesús se expresa el núcleo esencial del cristianismo; en Cristo se nos revela y entrega toda la novedad revolucionaria del Evangelio: el Amor que nos salva y nos hace vivir ya en la eternidad de Dios… Su Corazón divino llama entonces a nuestro corazón; nos invita a salir de nosotros mismos y a abandonar nuestras seguridades humanas para fiarnos de él y, siguiendo su ejemplo, a hacer de nosotros mismos un don de amor sin reservas. (2)

«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. (Mt. 11, 25-26)

¡Sagrado Corazón de Jesús! Enseñadme el perfecto olvido de mí mismo, puesto que este es el único camino por el cual se puede entrar en Ti Puesto que todo lo que yo haga en lo sucesivo será tuyo, has de manera que no haga yo nada que no sea digno de Ti Enséñame lo que debo hacer para llegar a la pureza de tu amor, cuyo deseo me inspiraste. Siento en mí una gran voluntad de agradarte y una impotencia aún mayor de lograrlo, sin una luz y socorro muy particulares que no puedo esperar sino de Tí. Has en mí tu voluntad, Señor. Me opongo a ella, lo siento, pero de veras querría no oponerme. A Ti te toca hacerlo todo, divino Corazón de Jesucristo; Vos solo tendrás toda la gloria de mi santificación, si me hago santo. Esto me parece más claro que el día; pero será para Ti una grande gloria, y solamente por esto quiero desear la perfección. Así sea. (San Claudio Colombiere)

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt. 11, 27-30)

Querido Jesús, ayúdanos a esparcir tu fragancia por donde quiera que vayamos. Llena nuestra alma de tu espíritu y vida. Que nuestra vida pueda ser un resplandor de la tuya. Permanece en nosotros para que toda alma que encontremos, pueda sentir tu presencia en nuestra alma.”

Convirtámonos en ramas verdaderas y fructíferas de la viña de Jesús, recibiéndolo en nuestra vida como Él quiera mostrarse. Como la verdad, para ser dicha, como la vida, para ser vivida, como la luz para ser iluminada, como el amor, para ser amado, como el camino, para ser andado, como la alegría, para ser dada, como la paz, para ser extendida, como el sacrificio, para ser ofrecido, en nuestras familias y en nuestros barrio.”

Jesús, es la Palabra para ser pronunciada.

Es la Vida para ser vivida. Es el Amor para ser amado.

Es el Gozo para ser compartido. Es el Sacrificio para ser ofrecido.

Es la Paz para ser transmitida. Es el Pan de vida para ser comido”
(Santa Teresa de Calcuta)