Reflexion sobre las lecturas de la semana

30/05/20

NOEL QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1
EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 258 s.

Puesto que ya hemos leído la Pasión según san Juan el Viernes Santo… y las apariciones de Jesús resucitado en los días de Pascua… saltamos hoy y mañana seguidamente, a las dos últimas páginas del evangelio de san Juan.

-Simón, ¿me amas más que éstos?

Jesús, a las orillas del lago, acaba de comer con sus discípulos.

Simón Pedro, unas semanas antes, negó tres veces a su Maestro. Jesús le hace una pregunta: “Simón, ¿me amas? Esta misma pregunta tú me la haces a mí. Te escucho en el silencio: “X.., ¿me amas?” Tú esperas mi respuesta.

En la gran corriente de la Historia del mundo, de que hablan la prensa y la radio se halla esta “mi” aventura personal que se desarrolla desde “mi” fe. “¿Me amas, Tú?” No puedo refugiarme en la respuesta de los demás. Es a mí a quien concierne, soy yo el preguntado

-Sí, Señor, tú sabes…

Es así… también el Señor conoce muy bien la debilidad de Pedro. Pero Pedro apela a ese conocimiento aun más pro- fundo que Jesús tiene de él: “¡Tú bien sabes que yo te amo!”

-Apacienta mis corderos.

La intimidad de la Fe y la respuesta de amor de Pedro no se han escrito para ser saboreadas sentimentalmente sino para ser transformadas en responsabilidad.

La relación personal con Jesús, ciertamente indispensable no es un “dúo afectivo” que se cierra sobre “los dos”. Este amor es la fuente de un lanzamiento hacia los demás. Puesto que amas a Dios, sé responsable de los demás; sé su pastor… vela sobre ellos… condúceles a los verdes pastos.

-Tres veces Jesús le preguntó “¿Me amas, tú?” Pedro se entristeció de que le preguntara por tercera vez.

La triple negación es ahora una triple pregunta. Esto es lo que evidentemente piensa Pedro. Un buen responsable en la Iglesia o en un grupo cualquiera. Ciertamente no es el que aplasta a los otros con su superioridad… es el que conoce su propia debilidad y cuenta más con la amistad de Dios que con sus propias fuerzas humanas. En la Iglesia sobre todo, el Papado o el Episcopado deben distinguirse por esta señal: ser conscientes de sus propios límites, amar, acordarse de su propia debilidad.

El primado de Pedro, su responsabilidad sobre sus hermanos, es una carga que Cristo le confió, y que se apoya en una “profesión de amor”: Jesús le ha pedido incluso ser superiormente amante… “¿Me amas tú, más que éstos?”

-Cuando eras joven te ceñías e ibas adonde querías; cuando envejezcas, otro te ceñirá y llevará adonde no quieras.

Una última parábola de Jesús, sobre la “juventud” y la “vejez”, sobre la “libertad” y la “coerción”. Llega una edad en la que no puede hacerse todo lo que se quisiera. ¿Cuál es la significación, el valor de todo esto?

-Jesús lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios.

Toda coerción, todo lo que nos conduce “allá donde no quisiéramos ir”, puede transformarse en “martirio”, en “testimonio” de amor: valor inmenso del sufrimiento aceptado, participación en la redención universal de Jesús.

Yo te ofrezco, Señor, todas mis coerciones y limitaciones del día de hoy…